Parashá Ki Tavo (Deuteronomio 26:1-29:8)

Deut.26:1 Y cuando entres a la tierra que YHWH –tu Elohim- te entrega en herencia después de que tomes posesión y te establezcas en ella.. (Torat Emet)

La lucha constante entre el hombre y su Ietzer Hará (Mala inclinación) natural desde el nacimiento es su enemigo eterno. El Talmud dice que el Ietzer Hará crece y se fortalece cada día más: si no fuese por la ayuda de Di-s, una persona seria abatida por él. De acuerdo a esto, una persona nunca podría vencer a su ietzer hará naturalmente, y como tal, es muy probable que se desaliente y ni siquiera intente sobrepasarlo. Es por eso que la Torá nos dice: “Cuando salieres a la guerra contra tus adversarios” – si solo comienzas a luchar en contra de tu ietzer hará, si solo salieras a la guerra en contra de tu ietzer hará, entonces, y solo entonces, podrás estar seguro de que serás victorioso en tu batalla, porque “Hashem, tu Di-s lo entregará en tu mano”. Esto quiere decir: Recibirás asistencia Divina para ganar la batalla, ya que “Alguien que intenta purificarse a sí mismo obtiene ayuda de Arriba.” (Juan 15:1-7)

La Torat Emet (Ed.Keter Torá, Bs.As., trad. Rab. Reuben Segal) nos dice: «

Cuando entres a la tierra que Hashem –tu Elohim- te entrega en herencia”: En hebreo, “tierra” (eretz) tiene la misma raíz que “deseo”, “voluntad” (ratzón), de modo que metafóricamente la frase bien podría leerse así: “Cuando entres a la voluntad”, es decir: “entrar al nivel del Deseo y la Voluntad del Supremo es un don que uno recibe en herencia de lo Alto”. Es parte de la genética espiritual del ser humano, el alcanzar semejante nivel de conciencia celestial. Sólo que uno debe revelarlo trabajando consigo. La entrada del Pueblo de Israel a la Tierra Prometida representa el descenso del alma al mundo material para vestirse en el ropaje del cuerpo físico. La expresión hebrea veaiá (והיה) traducida “y cuando” en este contexto, se refiere a un hecho regocijante, como lo es para el alma saber que su objetivo es descender en aras de elevar lo terrenal.» De acuerdo a estas explicaciones, podemos entender que para poder “entrar” a cumplir con esa Voluntad Celestial, es necesario también “salir” a subyugar nuestra carne y el mundo físico para elevarnos por sobre la mundanidad, despues quede nuestra alma descendio a este mundo. Ese es el verdadero propósito de nuestra existencia que todo israelita debe entender. Este “entrar” a la Tierra Prometida también es un entrar a una vida tomada como si ya actualmente se viviera en esa Tierra, que representa al Olam Habá (Mundo Venidero), y que llegará con el Mesías.

Pero, para poder entrar a esa Tierra Prometida, primero debemos vivir plenamente la fe como una larga “entrada”; es decir, disponer nuestra voluntad con plena confianza en el Altísimo para que cumpla con los Mandamientos del Todopoderoso de manera incondicional pase lo que pase, error tras error, lo que se conoce como “Emuná”. Por eso dijo el Profeta (Havakuk 2:4). “el justo vivirá por su fe [Emuná]”. Emuná, que se traduce comúnmente como “fe”, nada tiene que ver con la fe occidental superficial, ni otra en que no se tenga plena confianza en el Todopoderoso. Emuná significa tener temor / respeto / obediencia al Todopoderoso y a Su Palabra que está en la Torá y los Profetas; y mantenerse en en ella pase lo que pase; con una conciencia total de la Presencia del Altísimo en su vida, sabiendo que todo lo que sucede es para su propio bien, manteniendo firme el optimismo, aún si no se consigue cumplir con precisión los mandamientos. Si bien para ser “justo” hay que cumplir con los Mandamientos de la Torá, como dijo Shaúl (Pablo): “Porque los que sólo oyen la Torá no son justos delante de Elohim; los que cumplen la Torá son los que serán justificados.” (Rom.2:13); la fe es una cualidad distinta a la de la sola obediencia, y debe ser complementaria con esta última. La fe hebrea es una fe obediente (confianza plena en que todo será para bien). Pero puede darse también la sola obediencia sin compañía de la verdadera fe. El rabino Shalom Arush, autor del libro “En el Jardín de la Fe“, explica este tema con mucha claridad: