Guerra con Amalek

8 Entonces vino Amalek y peleó contra Israel en Refidim. 9 Y Moisés dijo a Josué: Escógenos hombres, y sal a pelear contra Amalek. Mañana yo estaré sobre la cumbre del collado con la vara de Dios en mi mano. 10 Y Josué hizo como Moisés le dijo, y peleó contra Amalek; y Moisés, Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. 11 Y sucedió que mientras Moisés tenía en alto su mano, Israel prevalecía; y cuando dejaba caer la mano, prevalecía Amalek. 12 Pero las manos de Moisés se le cansaban. Entonces tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y se sentó en ella; y Aarón y Hur le sostenían las manos, uno de un lado y otro del otro. Así estuvieron sus manos firmes hasta que se puso el sol. 13 Y Josué deshizo a Amalek y a su pueblo a filo de espada.

14 Entonces dijo el Señor a Moisés: Escribe esto en un libro para que sirva de memorial, y haz saber a Josué que yo borraré por completo la memoria de Amalek de debajo del cielo. 15 Y edificó Moisés un altar, y le puso por nombre El Señor es mi Estandarte, 16 y dijo: “Debido a que su mano de ellos estaba contra el trono de Yah, ADONAI luchará” contra Amalek generación tras generación.

La guerra de Amalek contra Israel al final de esta Parashá en el idioma Hebreo nos enseña que el Tono y Nombre de Elohim están incompletos mientras exista Amalek.

  • Al nombre de Dios le faltan las 2 últimas letras
  • A la palabra trono le falta la letra alef

aleph

Nota al vers. 16: La guerra contra Amalek es una guerra de generación en generación:

La guerra contra Amalek es una guerra eterna por haber pretendido enfriar el fervor y el entusiasmo del Pueblo de Israel hacia Elohim, en su camino a la recepción de la Torá en el monte Sinaí. En efecto, el valor numérico de la palabra Amalek es el mismo que el de safek, cuyo significado es «duda» — ambos suman 240. Se refiere a los cuestionamientos negativos, la duda paralizante que restringe al hombre en su crecimiento espiritual. Amalek representa todo aquello que pretenda enfriar tu conexión con los más elevados valores espirituales. Para destruir al Amalek personal que cada uno, tiene dentro de sí es menester ante todo reconocer su existencia y el peligro que representa. Tu lucha contra tu Amalek «personal» es un invalorable aporte para llevar al mundo a su máximo grado de perfección.

(Cuando los egipcios persiguieron a Israel, Moshé le dijo al pueblo:

« [No teman], Elohim luchará por Uds. y Uds. permanecerán en silencio» – Éx. 14:14. Fue una guerra milagrosa en la que Israel no participó militarmente. En cambio la guerra contra Amalek fue una guerra en su sentido literal, en la que Israel derrotó a Amalek a filo de espada. Para comprender el porqué de esta diferencia debemos recordar que Egipto venía persiguiendo a Israel por la retaguardia; a diferencia de Amalek, que se había interpuesto en el camino de Israel hacia la recepción de la Torá en el Sinaí. Esto significa que cuando el sustento espiritual de Israel no está en juego, Elohim interviene Personalmente en resguardo de su integridad física. Pero cuando son los valores espirituales los que se encuentran amenazados, como en el caso de Amalek, que pretendió enfriar el fervor espiritual del pueblo, ya no es suficiente la intervención de Elohim por medio de milagros — es necesario que tú mismo salgas a luchar, pues se trata del mismísimo sentido de tu propia existencia. Es la lucha por la verdadera supervivencia — la supervivencia espiritual.

Torat Emet

Deuteronomio 6:1-9

6 Estos, pues, son los mandamientos, los estatutos y los decretos que el Señor vuestro Dios me ha mandado que os enseñe, para que los cumpláis en la tierra que vais a poseer, 2 para que temas al Señor tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te ordeno, tú y tus hijos y tus nietos, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. 3 Escucha, pues, oh Israel, y cuida de hacerlo, para que te vaya bien y te multipliques en gran manera, en una tierra que mana leche y miel, tal como el Señor, el Dios de tus padres, te ha prometido. 4 Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. 5 Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. 6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7 y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. 8 Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. 9 Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas.